VOLVIENDO A LA CEE
Estamos asistiendo en estos momentos a una paulatina y acelerada pérdida de derechos por parte de los ciudadanos con total responsabilidad de las autoridades e instituciones públicas a todos los niveles (europeo, nacional, autómico y local). En nombre de la sacrosanta recuperación económica (recuperación para quién?) se parapetan todo tipo de actuaciones a nivel legislativo, político y judicial que dejan al ciudadano más debilitado que nunca, quedando claro que el eslabón más débil de la cadena es precisamente el ciudadano y los intereses a defender son siempre los de las grandes corporaciones, empresas e intereses económicos. El nacimiento de la Unión Europea se fraguó en una unión comercial entre países. Posteriormente, se desarrolló la unificación a otros niveles. Lo que queda claro en estos momentos es que los intereses económicos siguen teniendo preponderancia en el seno de UE por encima de cualquier otra cuestión. Esto, que queda patente en el ámbito financiero, fiscal, energético, entre otros (especialmente en España), también sucede en el ámbito alimentario. La industria alimentaria tiene un peso comercial muy relevante (cercana al 10% del PIB en España). En estos momentos, los intereses comerciales de las empresas están primando por encima de otras cuestiones como la salud de los consumidores, la información veraz y contrastada y el comercio racional. La máxima autoridad europea en cuestiones alimentarias, la EFSA, no es más que un mero órgano consultivo de ámbito científico cuyas resoluciones enfocan el caracter de las legislaciones que, finalmente son aprobadas. Parece evidente que son las presiones a nivel político las que determinan el marasmo en el que se desarrolla, aplica e interpreta la legislación alimentaria actual.
¿Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, cuántas promesas incumplidas más?
En el reglamento europeo 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos y que entró en vigor en julio de 2007 se ponían las bases regulatorias sobre las declaraciones de los efectos beneficiosos de los alimentos que se podrían utilizar para publicitarlos o para ser utilizados en la propia etiqueta de los alimentos.
Uno de sus principales preceptos es que la utilización de declaraciones nutricionales y de propiedades saludables no deberá ser falsa, ambigua o engañosa; dar lugar a dudas sobre la seguridad y/o la adecuación nutricional de otros alimentos; o alentar el consumo excesivo de un alimento.
Otro de los pilares en los que se pretendía fundamentar esta regulación fue que en un breve plazo (exactamente estaba previsto para enero de 2009) la Comisión establecería los perfiles nutricionales específicos que deberían cumplir los alimentos para poder efectuar las declaraciones nutricionales o de propiedades saludables. Esto es, si pretendemos hacer la declaración de que una mantequilla es reducida en sal y utilizar, por lo tanto, la declaración 'un menor consumo de sodio contribuye a mantener la tensión arterial normal', de ello se deriva que la mantequilla será beneficiosa para nuestra salud cardiovascular, cuestión que queda en entredicho por la alta cantidad de grasas saturadas de la mantequilla. De este modo, los perfiles nutricionales pretendían -con buen criterio, según mi modo de ver- circunscribir las declaraciones a alimentos "sin excesos o moderados" en su contenido de nutrientes "perjudiciales". A día de hoy, nada se sabe de los perfiles nutricionales, supuestamente -o mejor, seguramente- por las presiones de la industria alimentaria.
En cuanto al primer punto señalado, esto es, que "las declaraciones no deberán ser falsas, ambiguas o engañosas, dar lugar a dudas sobre la adecuación nutricional de otros alimentos y alentar o aprobar el consumo excesivo de un alimento", es evidente que no se está cumpliendo. Uno de los productos más referenciados y vilipendiados al respecto es el famoso Actimel de Danone. Con razón. Después de que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria denegana la declaración respecto al microorganismo presente en la leche fermentada (Lactobacillus casei) y sus supuestos beneficios para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, recurrieron a la suplementación con vitamina B6, que sí dispone de una declaración aprobada sobre el sistema inmunitario ("La vitamina B6 contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario"). Pero claro, ya puestos, dado que esta vitamina dispone de más declaraciones aprobadas, ¿por qué quedarse solo con el sistema inmunitario? Efectivamente, en la nueva publicidad de Actimel, se hace referencia no solo al sistema inmunitario, también a la disminución del cansancio (gracias a la declaración aprobada "La vitamina B6 ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga").
Esto es un auténtico disparate, máxime tratándose de una vitamina muy presente en gran variedad de alimentos y siendo, por lo tanto, muy complicado que alguien con una dieta relativamente variada pueda presentar carencias nutricionales de la misma.
Así las cosas, los que nos dedicamos a las cuestiones alimentarias permanecemos atónitos ante los acontencimientos. La crisis económica en el seno de la UE es evidente desde hace años, pero también la crisis de valores y el modelo de convivencia que permite el desamparo de los ciudadanos, también a nivel alimentario.
Otro día hablaremos sobre los cosméticos...
Estamos asistiendo en estos momentos a una paulatina y acelerada pérdida de derechos por parte de los ciudadanos con total responsabilidad de las autoridades e instituciones públicas a todos los niveles (europeo, nacional, autómico y local). En nombre de la sacrosanta recuperación económica (recuperación para quién?) se parapetan todo tipo de actuaciones a nivel legislativo, político y judicial que dejan al ciudadano más debilitado que nunca, quedando claro que el eslabón más débil de la cadena es precisamente el ciudadano y los intereses a defender son siempre los de las grandes corporaciones, empresas e intereses económicos. El nacimiento de la Unión Europea se fraguó en una unión comercial entre países. Posteriormente, se desarrolló la unificación a otros niveles. Lo que queda claro en estos momentos es que los intereses económicos siguen teniendo preponderancia en el seno de UE por encima de cualquier otra cuestión. Esto, que queda patente en el ámbito financiero, fiscal, energético, entre otros (especialmente en España), también sucede en el ámbito alimentario. La industria alimentaria tiene un peso comercial muy relevante (cercana al 10% del PIB en España). En estos momentos, los intereses comerciales de las empresas están primando por encima de otras cuestiones como la salud de los consumidores, la información veraz y contrastada y el comercio racional. La máxima autoridad europea en cuestiones alimentarias, la EFSA, no es más que un mero órgano consultivo de ámbito científico cuyas resoluciones enfocan el caracter de las legislaciones que, finalmente son aprobadas. Parece evidente que son las presiones a nivel político las que determinan el marasmo en el que se desarrolla, aplica e interpreta la legislación alimentaria actual.
¿Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, cuántas promesas incumplidas más?
En el reglamento europeo 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos y que entró en vigor en julio de 2007 se ponían las bases regulatorias sobre las declaraciones de los efectos beneficiosos de los alimentos que se podrían utilizar para publicitarlos o para ser utilizados en la propia etiqueta de los alimentos.
Uno de sus principales preceptos es que la utilización de declaraciones nutricionales y de propiedades saludables no deberá ser falsa, ambigua o engañosa; dar lugar a dudas sobre la seguridad y/o la adecuación nutricional de otros alimentos; o alentar el consumo excesivo de un alimento.
Otro de los pilares en los que se pretendía fundamentar esta regulación fue que en un breve plazo (exactamente estaba previsto para enero de 2009) la Comisión establecería los perfiles nutricionales específicos que deberían cumplir los alimentos para poder efectuar las declaraciones nutricionales o de propiedades saludables. Esto es, si pretendemos hacer la declaración de que una mantequilla es reducida en sal y utilizar, por lo tanto, la declaración 'un menor consumo de sodio contribuye a mantener la tensión arterial normal', de ello se deriva que la mantequilla será beneficiosa para nuestra salud cardiovascular, cuestión que queda en entredicho por la alta cantidad de grasas saturadas de la mantequilla. De este modo, los perfiles nutricionales pretendían -con buen criterio, según mi modo de ver- circunscribir las declaraciones a alimentos "sin excesos o moderados" en su contenido de nutrientes "perjudiciales". A día de hoy, nada se sabe de los perfiles nutricionales, supuestamente -o mejor, seguramente- por las presiones de la industria alimentaria.
En cuanto al primer punto señalado, esto es, que "las declaraciones no deberán ser falsas, ambiguas o engañosas, dar lugar a dudas sobre la adecuación nutricional de otros alimentos y alentar o aprobar el consumo excesivo de un alimento", es evidente que no se está cumpliendo. Uno de los productos más referenciados y vilipendiados al respecto es el famoso Actimel de Danone. Con razón. Después de que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria denegana la declaración respecto al microorganismo presente en la leche fermentada (Lactobacillus casei) y sus supuestos beneficios para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, recurrieron a la suplementación con vitamina B6, que sí dispone de una declaración aprobada sobre el sistema inmunitario ("La vitamina B6 contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario"). Pero claro, ya puestos, dado que esta vitamina dispone de más declaraciones aprobadas, ¿por qué quedarse solo con el sistema inmunitario? Efectivamente, en la nueva publicidad de Actimel, se hace referencia no solo al sistema inmunitario, también a la disminución del cansancio (gracias a la declaración aprobada "La vitamina B6 ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga").
Esto es un auténtico disparate, máxime tratándose de una vitamina muy presente en gran variedad de alimentos y siendo, por lo tanto, muy complicado que alguien con una dieta relativamente variada pueda presentar carencias nutricionales de la misma.
Así las cosas, los que nos dedicamos a las cuestiones alimentarias permanecemos atónitos ante los acontencimientos. La crisis económica en el seno de la UE es evidente desde hace años, pero también la crisis de valores y el modelo de convivencia que permite el desamparo de los ciudadanos, también a nivel alimentario.
Otro día hablaremos sobre los cosméticos...