jueves, 7 de febrero de 2013

Alimentos preparados para bebés

Información recabada en Omme Healthcom

He podido recopilar esta interesante información que han preparado los de Omme Healthcom:


Alimentos preparados para bebés y niños pequeños: potitos, papillas de cereales, menús adaptados a bebés y productos a base de frutas, pero no leche ni ningún tipo de lácteo.


¿Son seguros los preparados infantiles que se venden en España? ¿Existe una norma que diga cómo deben fabricarse?

La elaboración de los preparados alimenticios infantiles está sujeta a una serie de requisitos y controles que garantizan la máxima calidad de los productos. Los consumidores disponen de una gran variedad de opciones, adaptadas a las distintas etapas de crecimiento del niño.

Los requerimientos nutricionales de cada edad determinan los ingredientes a utilizar, controlados minuciosamente en la actual normativa. Además, se especifican los tipos de plaguicidas que pueden usarse en las materias primas, y los niveles máximos de residuos, ofreciendo la máxima seguridad y tranquilidad a los padres.

En España existe una reglamentación técnico sanitaria específica para la fabricación de este tipo de preparados, basada en el contenido de varias directivas existentes a nivel europeo.
El Real Decreto 490/1998 regula los alimentos elaborados a base de cereales y otros alimentos infantiles para lactantes y niños de corta edad. El Real Decreto 867/2008 es específico para lactantes y preparados de continuación. En ellos se establecen los requisitos de composición y etiquetado que deben cumplir los distintos preparados infantiles.

¿En qué ocasiones estarían indicados?

Cuando no se dispone de tiempo para preparar los purés y papillas caseros, o estamos de viaje y queremos dar a los niños una comida completa y nutritiva, los preparados infantiles son la solución ideal. Estos alimentos están indicados en todas las edades y situaciones fisiológicas, eligiendo el tipo de producto que mejor se adapte a las características de cada niño. Hasta los seis meses de edad, la leche proporcionada de forma exclusiva cubre todas las necesidades nutricionales del bebé. A partir de entonces es necesaria la alimentación complementaria. La amplia gama de presentaciones (en potitos, purés y papillas), texturas y sabores, ofrece muchas posibilidades de completar el aporte de energía y nutrientes que requieren nuestros hijos, de una forma cómoda y apetecible.


¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes que determinan frente a la comida casera?

Los preparados infantiles aportan multitud de ventajas nutricionales, ayudando a los niños a descubrir nuevos sabores y texturas. La composición en nutrientes es constante y completa, algo muy difícil de conseguir con la elaboración casera. Las necesidades de vitaminas y minerales en las edades de crecimiento son altas. La mayoría de estos productos están enriquecidos en estos nutrientes, con lo que aseguramos el aporte de las Cantidades Diarias Recomendadas. En estas etapas existen sustancias potencialmente alergénicas como el gluten o el huevo, que no se suelen utilizar en la elaboración de estos preparados. La ventaja de la comodidad también es fundamental, estos productos alimenticios ya están preparados y listos para el consumo. Se pueden almacenar durante largos periodos de tiempo, garantizando la máxima seguridad microbiológica. Además la estricta regulación de los residuos de plaguicidas evita que los niños ingieran sustancias potencialmente tóxicas, que sí pueden estar presentes en los alimentos que compramos y preparamos de forma casera.

Los inconvenientes surgen cuando estos preparados representan la totalidad de la dieta del niño. En los primeros años de vida se alcanza la consolidación de los hábitos alimentarios y es importante que los niños se acostumbren a sabores, texturas y presentaciones lo más similares posibles a la alimentación que recibirán de adultos. Con el uso de los preparados, se limita este aprendizaje, ya que no son alimentos que puedan compartirse con el resto de la familia. Esto no supone ningún problema si se recurre a estos productos de forma ocasional y paralelamente también se acostumbra al niño a comer otros alimentos.


¿Cuál sería el volumen de consumo adecuado? 

El volumen de consumo de los preparados infantiles varía en función de la etapa de crecimiento del niño. A partir de los cuatro meses se puede empezar a combinar la leche y preparados lácteos con cereales. En esta etapa, las papillas de cereales comercializadas deben constituir la totalidad del aporte de cereales. De forma casera es imposible conseguir el aporte de nutrientes, vitaminas y minerales que llevan estos productos.

Progresivamente se deben introducir nuevos alimentos y texturas en la dieta del niño. Aunque los preparados infantiles son un gran aliado, conviene preparar los purés y alimentos de forma casera. El volumen de consumo de los preparados disminuye, los potitos de fruta, pollo y verduras pasan a formar parte de la dieta de forma ocasional. El niño debe acostumbrarse a sabores y platos que formarán parte de su alimentación el resto de su vida. Si por distintas circunstancias se debe recurrir a los preparados infantiles de forma habitual conviene elegir los de mejor calidad,  con marcas comerciales conocidas que garanticen la máxima seguridad.


¿Se pueden dar a los padres unas recomendaciones sobre cuál es el producto mejor para su bebé?

A la hora de elegir el mejor producto para nuestros hijos debemos prestar atención a la información recogida en el envase y la etiqueta. Los datos básicos que deben figurar son la composición nutricional, las instrucciones de preparación, la ausencia o presencia de gluten y la edad mínima a partir de la cual deben consumirse. En las papillas de cereales debemos revisar las cantidades de calcio, hierro y otras vitaminas y minerales que contienen, y el porcentaje de la cantidad diaria recomendada de estos micronutrientes que aportaría una ración. No deben llevar azúcares añadidos ni sal. La cantidad de fibra se suele especificar en el envase. Actualmente existen algunas marcas que incorporan prebióticos en la composición de las papillas, beneficiosas porque favorecen el crecimiento de la flora intestinal de los pequeños y les ayudan en sus digestiones.

En los potitos existe una gama muy amplia de productos. En los preparados de fruta se debe especificar la cantidad de fruta que contienen. Cuanta más fruta contengan, mejor será la calidad. Los azucares simples de estos preparados provienen de la fructosa de la fruta y de los azúcares añadidos, cuya cantidad debe ser lo más baja posible. Como espesante se suele usar almidón. El contenido de fibra es importante para la regulación del tracto intestinal. Normalmente suele ser del 1%. En la mayoría de los potitos de fruta se añade vitamina C, en el envase debe figurar el porcentaje de la cantidad recomendada para esta vitamina que aporta cada tarro. El contenido final de vitamina C debe ser como mínimo 25mg/100g.

La oferta de potitos de pollo y otros ingredientes incluye “pollo con arroz”, “pollo con verduras”, “verduras y arroz con pollo”, etc. La denominación del producto está relacionada directamente con el contenido en proteínas y grasas. Si el pollo se menciona en primer lugar, este ingrediente debe representar al menos un 10% del producto. El contenido en proteínas debe ser como mínimo 4g/100 kcal y el de grasas como máximo 6g/100 kcal. Si el pollo no se menciona en primer lugar este debe representar al menos el 8% del producto. Las proteínas como mínimo aportan 3g/100 g y la grasa como máximo 4,5g/100 kcal. En todos los potitos el contenido en sal está muy controlado, el sodio no debe superar los 200mg/100g de producto, cifra mucho más elevada que el contenido medio de sal de estos productos.


Hacia dónde se dirige la industria en este ámbito.

Existe una amplia gama de productos para cada etapa de crecimiento. Aunque la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, a partir de los cuatro ya se pueden introducir algunas variedades de alimentación complementaria. Dentro de los preparados a base de cereales encontramos sin gluten (arroz y maíz), con gluten (trigo, centeno, avena) y papillas con otros ingredientes. Existen varias presentaciones, en polvo o líquidos. Los tarritos, también llamados potitos, incluyen una gran variedad de nutrientes. Hay de fruta, verdura, carne y pescado. Para los primeros meses están indicados los de textura fina, pero a partir del año se recomienda incluir en la dieta del niño los potitos con trozos, para que aprenda a masticar. Las marcas comerciales ofrecen al consumidor una oferta muy completa, innovando constantemente los ingredientes y presentaciones. Algunas marcas incorporan fibra, prebióticos o sabores para dar a sus productos un valor añadido.

Actualmente existen también una serie de productos para los niños que imitan a los platos de los adultos, y que tienen como objetivo acostumbrar el paladar de los más pequeños a los sabores y texturas que tomarán de mayores. Los zumos de frutas están enriquecidos en vitamina C, y ayudan a familiarizarse con el sabor natural dulce de la fruta. Los productos elaborados con leche como las natillas, arroz con leche, queso fresco y fruta y las cremas de yogur y fruta imitan a los postres lácteos de los mayores. También hay galletas especiales para los más pequeños, formuladas para que las coman de forma autónoma al deshacerse en su boca.

Recomendaciones pediátricas.

En las recomendaciones de la revista anales de pediatría las cantidades de referencia de algunos nutrientes en los preparados a base de cereales varían en función de la edad del niño. En la actualidad sabemos que cada etapa de crecimiento tiene unos requerimientos nutricionales distintos, por lo que es lógico que los límites a establecer también varíen. Además se debe tener en cuenta que en los primeros meses de vida los preparados a base de cereales constituyen la totalidad de la dieta de los niños, por lo que es importante que su composición se adapte perfectamente a sus necesidades.

En el apartado de las grasas, la revista recomienda que se use preferentemente aceites vegetales. Esto no debería ser sólo una recomendación, sino que deberían controlarse las cantidades de ácidos grasos esenciales de estos productos alimenticios. Además se debería analizar la proporción de grasa saturada e insaturada. Especialmente importante resulta el aporte de ácidos grasos de la serie omega-3, como el ácido docosahexaenoico y ácido α-linolénico, por ser nutrientes esenciales en la infancia. Cada vez son más los estudios que demuestran el papel fundamental de estos ácidos grasos en el crecimiento y desarrollo cerebral y en la función visual.

Cómo calentarlos y conservarlos

El modo de conservación y preparación aparece indicado en el envase, existiendo diferencias según el tipo de producto. La variedad de presentaciones permite adaptar el producto a usos y situaciones diversas. Los alimentos a base de cereales se reconstituyen en diferentes líquidos, agua o leche según el tipo. Algunas papillas se deben preparar en agua hirviendo, y otras en cambio están en forma líquida y sólo es necesario diluirlas.


Salud

Teniendo en cuenta la prevalencia de obesidad infantil en nuestro país y la creciente preocupación por la alimentación de los más pequeños, la industria alimentaria específica de este tipo de productos tiene una gran responsabilidad y trascendencia. La calidad nutricional de los productos debe mejorar constantemente. Algunos aspectos como la cantidad de azúcares añadidos ya se controlan estrictamente. La cantidad de grasa también está regulada, pero no su calidad, que resulta fundamental. Esto debería ser de aplicación en todos los productos alimenticios preparados, pero en los infantiles cobra una especial importancia porque los ácidos grasos esenciales están directamente implicados en el desarrollo y el crecimiento.

La preocupación actual por mantener un buen estado digestivo ha llevado a incorporar a los productos fibra, prebióticos y probióticos, práctica que se está trasladando también a los alimentos infantiles. Ya existen preparados con prebióticos, como los fructooligosacáridos, que estimulan el crecimiento de las bifidobacterias beneficiosas para el intestino del bebé, ayudando a la regulación del tránsito intestinal y a la absorción del calcio y el hierro. Las investigaciones actuales están centradas en mejorar la calidad de las fórmulas infantiles sustitutivas de la leche materna, para que la composición de ambas sea lo más parecida posible. Las últimas líneas de mejora se centran en la calidad de las proteínas, con un minucioso control de los tipos de aminoácidos, y en las cantidades de 5 micronutrientes esenciales (vitaminas A y D, hierro, yodo y cinc). Además, el aporte energético de estas fórmulas se debe controlar, para evitar que el exceso calórico en esta etapa conlleve una ganancia de peso no deseada en edades más avanzadas.

Omme Healthcom, 2012 

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