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He podido recopilar esta interesante información que han preparado los de Omme Healthcom:
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Alimentos preparados para bebés y niños pequeños: potitos,
papillas de cereales, menús adaptados a bebés y productos a base de frutas,
pero no leche ni ningún tipo de lácteo.
¿Son seguros los preparados infantiles que se venden en España? ¿Existe
una norma que diga cómo deben fabricarse?
La elaboración de los
preparados alimenticios infantiles está sujeta a una serie de requisitos y
controles que garantizan la máxima calidad de los productos. Los consumidores
disponen de una gran variedad de opciones, adaptadas a las distintas etapas de
crecimiento del niño.
Los requerimientos
nutricionales de cada edad determinan los ingredientes a utilizar, controlados
minuciosamente en la actual normativa. Además, se especifican los tipos de
plaguicidas que pueden usarse en las materias primas, y los niveles máximos de
residuos, ofreciendo la máxima seguridad y tranquilidad a los padres.
En España existe una
reglamentación técnico sanitaria específica para la fabricación de este tipo de
preparados, basada en el contenido de varias directivas existentes a nivel
europeo.
El Real Decreto 490/1998 regula los alimentos elaborados a base de cereales
y otros alimentos infantiles para lactantes y niños de corta edad. El Real
Decreto 867/2008 es específico para lactantes y preparados de continuación. En
ellos se establecen los requisitos de composición y etiquetado que deben
cumplir los distintos preparados infantiles.
¿En qué ocasiones estarían indicados?
Cuando no se dispone
de tiempo para preparar los purés y papillas caseros, o estamos de viaje y
queremos dar a los niños una comida completa y nutritiva, los preparados
infantiles son la solución ideal. Estos alimentos están indicados en todas las
edades y situaciones fisiológicas, eligiendo el tipo de producto que mejor se
adapte a las características de cada niño. Hasta los seis meses de edad, la
leche proporcionada de forma exclusiva cubre todas las necesidades
nutricionales del bebé. A partir de entonces es necesaria la alimentación complementaria.
La amplia gama de presentaciones (en potitos, purés y papillas), texturas y
sabores, ofrece muchas posibilidades de completar el aporte de energía y
nutrientes que requieren nuestros hijos, de una forma cómoda y apetecible.
¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes que determinan frente a la comida casera?
Los preparados
infantiles aportan multitud de ventajas nutricionales, ayudando a los niños a
descubrir nuevos sabores y texturas. La composición en nutrientes es constante
y completa, algo muy difícil de conseguir con la elaboración casera. Las
necesidades de vitaminas y minerales en las edades de crecimiento son altas. La
mayoría de estos productos están enriquecidos en estos nutrientes, con lo que
aseguramos el aporte de las Cantidades Diarias Recomendadas. En estas etapas
existen sustancias potencialmente alergénicas como el gluten o el huevo, que no
se suelen utilizar en la elaboración de estos preparados. La ventaja de la
comodidad también es fundamental, estos productos alimenticios ya están
preparados y listos para el consumo. Se pueden almacenar durante largos
periodos de tiempo, garantizando la máxima seguridad microbiológica. Además la
estricta regulación de los residuos de plaguicidas evita que los niños ingieran
sustancias potencialmente tóxicas, que sí pueden estar presentes en los
alimentos que compramos y preparamos de forma casera.
Los inconvenientes
surgen cuando estos preparados representan la totalidad de la dieta del niño.
En los primeros años de vida se alcanza la consolidación de los hábitos
alimentarios y es importante que los niños se acostumbren a sabores, texturas y
presentaciones lo más similares posibles a la alimentación que recibirán de
adultos. Con el uso de los preparados, se limita este aprendizaje, ya que no son
alimentos que puedan compartirse con el resto de la familia. Esto no supone
ningún problema si se recurre a estos productos de forma ocasional y
paralelamente también se acostumbra al niño a comer otros alimentos.
¿Cuál sería el volumen de consumo adecuado?
El volumen de consumo
de los preparados infantiles varía en función de la etapa de crecimiento del
niño. A partir de los cuatro meses se puede empezar a combinar la leche y
preparados lácteos con cereales. En esta etapa, las papillas de cereales
comercializadas deben constituir la totalidad del aporte de cereales. De forma
casera es imposible conseguir el aporte de nutrientes, vitaminas y minerales
que llevan estos productos.
Progresivamente se deben
introducir nuevos alimentos y texturas en la dieta del niño. Aunque los
preparados infantiles son un gran aliado, conviene preparar los purés y
alimentos de forma casera. El volumen de consumo de los preparados disminuye, los
potitos de fruta, pollo y verduras pasan a formar parte de la dieta de forma
ocasional. El niño debe acostumbrarse a sabores y platos que formarán parte de
su alimentación el resto de su vida. Si por distintas circunstancias se debe
recurrir a los preparados infantiles de forma habitual conviene elegir los de
mejor calidad, con marcas comerciales
conocidas que garanticen la máxima seguridad.
¿Se pueden dar a
los padres unas recomendaciones sobre cuál es el producto mejor para su bebé?
A la hora de elegir el
mejor producto para nuestros hijos debemos prestar atención a la información
recogida en el envase y la etiqueta. Los
datos básicos que deben figurar son la composición nutricional, las
instrucciones de preparación, la ausencia o presencia de gluten y la edad
mínima a partir de la cual deben consumirse. En las papillas de cereales
debemos revisar las cantidades de calcio,
hierro y otras vitaminas y minerales que contienen, y el porcentaje de la
cantidad diaria recomendada de estos micronutrientes que aportaría una ración.
No deben llevar azúcares añadidos ni
sal. La cantidad de fibra se suele especificar en el envase.
Actualmente existen algunas marcas que incorporan prebióticos en la composición de las papillas, beneficiosas porque
favorecen el crecimiento de la flora intestinal de los pequeños y les ayudan en
sus digestiones.
En los potitos existe
una gama muy amplia de productos. En los preparados de fruta se debe
especificar la cantidad de fruta que
contienen. Cuanta más fruta contengan, mejor será la calidad. Los azucares
simples de estos preparados provienen de la fructosa de la fruta y de los azúcares añadidos, cuya cantidad debe
ser lo más baja posible. Como espesante se suele usar almidón. El contenido de fibra
es importante para la regulación del tracto intestinal. Normalmente suele ser
del 1%. En la mayoría de los potitos de fruta se añade vitamina C, en el envase debe figurar el porcentaje de la cantidad
recomendada para esta vitamina que aporta cada tarro. El contenido final de
vitamina C debe ser como mínimo 25mg/100g.
La oferta de potitos
de pollo y otros ingredientes incluye “pollo con arroz”, “pollo con verduras”,
“verduras y arroz con pollo”, etc. La denominación del producto está
relacionada directamente con el contenido en proteínas y grasas. Si
el pollo se menciona en primer lugar, este ingrediente debe representar al
menos un 10% del producto. El contenido en proteínas debe ser como mínimo
4g/100 kcal y el de grasas como máximo 6g/100 kcal. Si el pollo no se menciona
en primer lugar este debe representar al menos el 8% del producto. Las
proteínas como mínimo aportan 3g/100 g y la grasa como máximo 4,5g/100 kcal. En
todos los potitos el contenido en sal
está muy controlado, el sodio no debe superar los 200mg/100g de producto, cifra
mucho más elevada que el contenido medio de sal de estos productos.
Hacia dónde se dirige la industria en este ámbito.
Existe una amplia gama
de productos para cada etapa de crecimiento. Aunque la OMS recomienda la
lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, a partir de los cuatro ya se
pueden introducir algunas variedades de alimentación complementaria. Dentro de
los preparados a base de cereales encontramos sin gluten (arroz y maíz), con
gluten (trigo, centeno, avena) y papillas con otros ingredientes. Existen
varias presentaciones, en polvo o líquidos. Los tarritos, también llamados
potitos, incluyen una gran variedad de nutrientes. Hay de fruta, verdura, carne
y pescado. Para los primeros meses están indicados los de textura fina, pero a
partir del año se recomienda incluir en la dieta del niño los potitos con
trozos, para que aprenda a masticar. Las marcas comerciales ofrecen al
consumidor una oferta muy completa, innovando constantemente los ingredientes y
presentaciones. Algunas marcas incorporan fibra, prebióticos o sabores para dar
a sus productos un valor añadido.
Actualmente existen
también una serie de productos para los niños que imitan a los platos de los
adultos, y que tienen como objetivo acostumbrar el paladar de los más pequeños
a los sabores y texturas que tomarán de mayores. Los zumos de frutas están
enriquecidos en vitamina C, y ayudan a familiarizarse con el sabor natural
dulce de la fruta. Los productos elaborados con leche como las natillas, arroz
con leche, queso fresco y fruta y las cremas de yogur y fruta imitan a los
postres lácteos de los mayores. También hay galletas especiales para los más
pequeños, formuladas para que las coman de forma autónoma al deshacerse en su boca.
Recomendaciones pediátricas.
En las recomendaciones
de la revista anales de pediatría las cantidades de referencia de algunos
nutrientes en los preparados a base de cereales varían en función de la edad
del niño. En la actualidad sabemos que cada etapa de crecimiento tiene unos
requerimientos nutricionales distintos, por lo que es lógico que los límites a
establecer también varíen. Además se debe tener en cuenta que en los primeros
meses de vida los preparados a base de cereales constituyen la totalidad de la
dieta de los niños, por lo que es importante que su composición se adapte
perfectamente a sus necesidades.
En el apartado de las
grasas, la revista recomienda que se use preferentemente aceites vegetales. Esto
no debería ser sólo una recomendación, sino que deberían controlarse las
cantidades de ácidos grasos esenciales de estos productos alimenticios. Además
se debería analizar la proporción de grasa saturada e insaturada. Especialmente
importante resulta el aporte de ácidos grasos de la serie omega-3, como el ácido
docosahexaenoico y ácido α-linolénico, por ser nutrientes esenciales en la
infancia. Cada vez son más los estudios que demuestran el papel fundamental de
estos ácidos grasos en el crecimiento y desarrollo cerebral y en la función
visual.
Cómo calentarlos y conservarlos
El modo de
conservación y preparación aparece indicado en el envase, existiendo
diferencias según el tipo de producto. La variedad de presentaciones permite adaptar
el producto a usos y situaciones diversas. Los alimentos a base de cereales se
reconstituyen en diferentes líquidos, agua o leche según el tipo. Algunas papillas
se deben preparar en agua hirviendo, y otras en cambio están en forma líquida y
sólo es necesario diluirlas.
Salud
Teniendo en cuenta la
prevalencia de obesidad infantil en nuestro país y la creciente preocupación
por la alimentación de los más pequeños, la industria alimentaria específica de
este tipo de productos tiene una gran responsabilidad y trascendencia. La
calidad nutricional de los productos debe mejorar constantemente. Algunos
aspectos como la cantidad de azúcares añadidos ya se controlan estrictamente.
La cantidad de grasa también está regulada, pero no su calidad, que resulta
fundamental. Esto debería ser de aplicación en todos los productos alimenticios
preparados, pero en los infantiles cobra una especial importancia porque los
ácidos grasos esenciales están directamente implicados en el desarrollo y el crecimiento.
La preocupación actual
por mantener un buen estado digestivo ha llevado a incorporar a los productos
fibra, prebióticos y probióticos, práctica que se está trasladando también a
los alimentos infantiles. Ya existen preparados con prebióticos, como los
fructooligosacáridos, que estimulan el crecimiento de las bifidobacterias
beneficiosas para el intestino del bebé, ayudando a la regulación del tránsito
intestinal y a la absorción del calcio y el hierro. Las investigaciones
actuales están centradas en mejorar la calidad de las fórmulas infantiles
sustitutivas de la leche materna, para que la composición de ambas sea lo más
parecida posible. Las últimas líneas de mejora se centran en la calidad de las
proteínas, con un minucioso control de los tipos de aminoácidos, y en las
cantidades de 5 micronutrientes esenciales (vitaminas A y D, hierro, yodo y
cinc). Además, el aporte energético de estas fórmulas se debe controlar, para
evitar que el exceso calórico en esta etapa conlleve una ganancia de peso no
deseada en edades más avanzadas.
Omme Healthcom, 2012
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